Visto en el blog de Richard Dawkins”
cardinalximenez

Paquito Freud-land
Wednesday,27 de February de 2008 -- 22:55
Categorías: Política
Comentarios: Ninguno

Ya se ha celebrado el primer debate electoral y, como siempre, ambas partes han salido claramente vencedoras.

Dejando a un lado a los medios de comunicación (que se mueven por interés, claro está) lo cierto es que también entre los ciudadanos medios podemos observar una gran incredulidad cuando se les comunica que el claro vencedor de uno, es exactamente el opuesto al claro vencedor del otro, estando ambas partes convencidas de la absoluta falta de juicio de su interlocutor.

¿Cómo es esto posible?.

Quiero hacer uso de esta tribuna para ofreceros mi teoría sobre la materia. Para mí, la clave radica, entre otras cosas, en aquello que se conoce como atención selectiva.

De toda la información que recibimos, nuestro cerebro establece un filtro gracias al cual nuestra atención se centra sólo en aquello que, por nuestra forma de pensar, estamos más predispuestos a escuchar. Estos estímulos externos adquieren luego importancia afectiva y emocional en función de nuestra experiencia vital previa, de tal forma que aquello que se queda fuera del filtro es ignorado, y aquello que pasa es considerado de la máxima relevancia.

En cristiano: los seres humanos tendemos siempre a ser menos críticos con aquello/os que, por diversos motivos, hemos agregado a nuestra zona de confianza, que con aquello que se ha quedado fuera, lo cual lo sometemos a una crítica feroz (y muchas veces injusta) que difícilmente puede resistir el ataque.

Eso es, en mi opinión, lo que pasa con la política. Lo cual es extrapolable a infinidad de ámbitos en nuestra vida cotidiana.

Si alguien no está de acuerdo con mi teoría, que por favor se sienta libre de expresar su opinión, que ya me encargaré yo de borrar todos los comentarios que vayan en contra de mis ideas.

Muchas gracias.

 

Paquito El coño oficial
Monday,10 de December de 2007 -- 17:10
Categorías: Cosassss, Humor, Libros
Comentarios: Ninguno

De cuando en cuando dejo caer entre mis manos alguna de las magníficas obras de divulgación psicológica del Doctor Freud, y ello me sirve para descubrir cómo muchas de mis teorías sobre los temas más dispares quedan ampliamente respaldadas por una auténtica eminencia en la materia como es este simpático médico.

La última de sus obras que he podido saborear se llama: Psicopatología de la vida cotidiana; en la que trata temas tan cotidianos como las razones psicológicas subyacentes tras los olvidos de nombres o situaciones, o tras los errores que todos cometemos en la escritura o en la expresión oral.

Os pongo un par de ejemplos extraídos del libro:

Un conocido mío me había dicho repetidas veces que cuando fuera llamado a incorporarse a filas no haría uso del derecho que su título facultativo le concedía de prestar sus servicios en el interior y, por tanto, iría al frente de batalla. Poco tiempo antes de llegarle su turno me comunicó un día, con seca concisión, que había presentado su título para hacer valer sus derechos y que, en consecuencia, había sido destinado a una actividad industrial. Al día siguiente nos encontramos en una oficina. Yo me hallaba escribiendo ante un pupitre, y mi amigo se situó detrás de mí, y estuvo mirando un momento lo que yo escribía. Luego dijo: “la palabra esa de ahí arriba es Druckbogen (pliego), ¿no?. Antes había leído Drückeberger (cobarde)”

Y una más:

Era el caso de un médico al que yo no le tenía gran simpatía, pero con el que deseaba mantener una relación cordial, con lo que le dije a mi mujer que fuese a saludarle antes de irse. Mi mujer me miró extrañada ante esas palabras, porque resultó que yo había dicho “beleidigen” (insultar) en lugar de “begrüben” (saludar), con lo que la frase resultante era: “pasa a insultar al doctor antes de irte“.

En fin, hay muchos más casos y, si nos observamos a nosotros mismos, veremos que muchos de los errores que cometemos en nuestra vida diaria guardan relación con algún tipo de proceso inconsciente que pasa ser consciente.

Aunque ya decía Carl G. Jung que el inconsciente es realmente inconsciente y, por ende, no consciente.

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